Siniestro Total (O por qué el bajo se cruza siempre que vas a dejar el vaso)
Jueves 3 de mayo, 23,20 de la noche. Sala Stereo, Alicante. 20 eurazos en taquilla. Lección magistral sobre cómo ser punk con 60 tacos. Siniestro Total.
La pasta que me ahorré en el Viña por ir al Viña original (ahora, como han ganado el juicio, los dos festivales se autoatribuyen la marca) me la dejé el jueves en una de esas salidas improvisadas que son las que mejor resultado dan. Acabé de currar a las 10 y media (nunca sé a ciencia cierta cuándo terminará mi jornada), y Rem y yo salimos escopetados hacia la Stereo, a diez minutos de mi curro.
Tras los 20 euros de rigor, empezamos a engullir cerveza como animales mientras la sala se llenaba, se caldeaba el ambiente, y los punkis (todos cuarentones, claro, excepto cuatro raritos como nosotros) empezaban a protestar. La hora fijada eran las 10,30 y habían pasado tres cuartos de hora.
La Sala Stereo es un garito con pretensiones psicodélicas en el que la San Miguel cuesta 3,5 euros y los cubatas 6. Con capacidad para unas 300 personas (de ahí el precio de la entrada), en el escenario no cabría un grupo con más de cinco componentes. Pero ahí he asistido a dos de los mejores conciertos de mi vida (son tantos, y tan buenos, que igual es injusto, pero sí tenían algo especial: los conciertos en recintos pequeños son más intensos), el de La Fuga, hace cuatro años, y el del jueves. Pero el del jueves se lleva la palma.
Para empezar (tras la inevitable sintonía de Corrupción en Miami), arrancaron con "Cuánta puta y yo qué viejo" (1988), algo inesperado, y metieron caña con los clásicos de siempre y las últimas creaciones. Letras tan profundas como "Bésame, soy gallego", o "Al fondo derecha". La sala se vino abajo con "Ay, Dolores" (no confundir con la de Reincidentes), y afónica en el ecuador del concierto, con "Bailaré sobre tu tumba".
Sin embargo, quizá por eso de la Ley contra la Violencia de Género, del repertorio han desaparecido ya piezas como "Hoy voy a asesinarte", y la del matrimonio gay ha mandado al olvido "Más vale ser punki que maricón de playas" o "Qué tal, homosexual".
Tras el falso final, volvieron con tres insustituibles como "Miña terra galega", "Diga qué le debo" (afonía total), y terminaron con una versión aceleradísima de "Ayatolláh", tras la que no daban más.
Si los Rolling, cuando acaben de cambiarse la sangre, quiéren saber cómo seguir siendo rockero a los sesenta y no parecer un grupo del Imserso, que se pasen por su próximo concierto, el 11 de mayo en Valencia. Dando la cara, tres tíos con seis décadas a sus espaldas, vestidos de traje, y un Julián Hernández (voz) con unas gafas enormes sin las que ya no ve un pijo. Pero había que verlos, y oirlos.
Además de buenas canciones, la lengua de Julián sigue igual de afilada que su cerebro. Comenzó con un "Buenas noticias, Lola Flores también está en la cárcel", siguió parodiando la canción del "Taxista guay" (en Versión Original Subtitulada, de Noche Hache), cortó el comienzo de "Loosing my religion" de REM para hacer un gesto despectivo y gritar "Heavy metal", e inundó la sala de monólogos impagables. Casi al final, cuando pidió aplausos para todo el grupo, nos hizo aplaudir "al médico que llevamos para que nos cuide los achaques", y antes de despedirse, dejó en el aire una duda fundamental (palabra que no cesó de repetir): "¿Por qué el bajo siempre se cruza cuando vas a dejar el vaso?"
Ya os decía que el escenario es muy pequeño.


tonycaravela dijo
esas cosas se avisan y mas ahora que dejo de ser alicantino para convertirme en murciano. ya te contare pero estare un tiempo sin subir ni comentar nada, un abrazao david.
5 Mayo 2007 | 08:40 PM